Esto no es una canción de amor.
Esto no es una canción de amor, es una canción desesperada por tenerte tan cerca y tan lejos, y no poder beberte a sorbos lentos, inventar posturas para nosotros, aunque ya lo hayamos probado todo, investigadores por naturaleza, y sentirnos, sentirnos como te descubro cuando te invento. Esto no es una canción de amor, y te amo, como al Eros intocable que se dibuja tras la sabanas, con el silencio mordido en los labios, por que mi susurro quizás te ofenda, y poder separar esto que queda escrito y sentido de enfrentarme a tu cuerpo, y añorar esas palabras, las que me hacían dudar de todo, volar sobre tu piel acariciándote con la alas, rozarte con la lengua, devorarte con mi sexo, y no...no es un canción de amor es una canción deseada, por palparte, tocarte, rendirme ante tus besos, tus manos experimentadas, y suplicarte que continúes, que hoy y sólo por hoy, necesito dejarme llevar- bueno, quizás mañana también- aunque no podamos cantarnos una canción de amor...te amo tanto como te deseo, más esto...esto no es una canción de amor...¡Qué alguien me borre el número 11 del calendario!
H de L
Introduje la jugada maestra y apagué la luz de las farolas, ahora; soy más feliz, escribo menos, estoy de vacaciones y, todo mengua mientras un gato se asoma a la ventana y maúlla una patética canción de moda en los 90.Antes era así, hasta que me miré en el espejo y vi una piedra, me equivoqué, era un principio de joya, pero me sentí pared. Por eso y sólo por eso, decidí volver a llorar. Y entre tanta agua derramada terminé por olvidarme que la misión era inundar el planeta. Así, aprendí a bucear,¿te dije alguna vez que no hay nada como bucear y después hacer el amor, o, hacer el amor bajo/ dentro/ en el agua, y perderse en un/tu cuerpo mojado?
La cobardía es asunto
Ya no hay remedio, las lechuzas han salido de su escondite diurno y observan el bosque dormido con mirada atenta, con ganas de atraparnos. Tú ratón, yo ratona, esperando que vuelvas a nuestra madriguera; pero esas, están por todas partes, su respiración se oye tan fuerte que ellas se descubren solitas...
No pasan los días por que sí, ni siempre es posible una vuelta atrás - aunque haya círculos tan similares que parezca que damos vueltas a la misma plaza-. Uno emprende un sendero, y cuando quiere darse cuenta, el reloj marca las doce, las campanadas resuenan en nuestros tímpanos y resulta imposible retroceder, o, querer hacerlo, o, simplemente: poder. Y tú , sí tú, sabes que a veces se llega lejos, otras, apenas comenzaste el camino, pero, ayer ya pasó y esto es lo que tienes: un presente aullándote los errores / aciertos, una tormenta siguiéndote las huellas- quiere descargar su rabia sobre tu cabeza- y dejas que la lluvia cese- agazapado bajo una cornisa-, sin que pueda mojarte.
Días sufriendo su falta, creyendo que el cielo estallaría en miles de cristales negros cayéndole sobre el rostro, mientras, lágrimas de sangre daban color a sus mejillas.
Vuelvo del bosque en el que me había perdido con el jazz de Itoiz en las entrañas sirviéndose de las cuerdas de mi intestino y el nombre de Ezequiel en los oídos. Ezequiel era mi abuelo- el mismo del cáncer de pulmón que antes de iniciar su vuelo compró aquel cenicero que llevaba inscrito “ a mal tiempo buena cara”,en el que apagó su último cigarrillo y yo, el primero - no este que desayuna, hace profecías y me arrastra a un mundo del que nunca debí salir, pero... hay dolores que uno debe entretenerse en investigar, sentir, comprender e incluso amar, dolores que nos hacen ver el mismo cuadro desde distintos ángulos, lo emborronan, distorsionan, nos lo presentan: del derecho, del revés, bajo la visión hiperrealista, surrealista, impresionista, expresionista y tantas que confunden la verdadera esencia , que nos convierten en triángulo invertido, manteniendo el peso en la cabeza, apenas en un punto para sujetar tanta base –me duele cada vértice, camino por la cuerda de mis aristas- de puntillas- intentando mantener el equilibrio-. Dolores que nos enseñan si nos autoimponemos intentar aprender, dolores no Lola, dolores y dolores, que no masoquismo enredado en mis pestañas ahora inmóviles, contemplando a los petirrojos, exhibiéndose en las balconadas mientras, señoras bien vestidas pasean por la Gran Vía con sus boinas de pintoras reflejadas en los escaparates.
Su visión sigue perdida más allá del ventanal abierto, en el basto de gotas que forman este mar en calma, ese que Gontzal tanto ama y hace tiempo le enseñó a amar a ella, incluso, sin haberlo visto.
( Sobre cuantos noes forman mis sies o, el no producto del sí innombrable).
¿Qué gano llorando?- Se preguntó aburrida de fletar nuevas naves , de encallar en puertos olvidados dónde el dolor crece en los jardines de pueblos silentes y la floristeras, generosas, hacen ramos y los regalan al que todavía se deja ver vestido de sonrisa. Y si el brillo de los ojos es visible, apagar esa terrible señal de felicidad, con un café con las damas del cotilleo, o , copa y puro con los caballeros desbordando inteligencia y ternura, mientras te susurran el número de serie del motor de su automóvil, hasta que quede claro dónde está el chasis , chasis de oferta en el Corte Inglés. Que es deplorable ese brillito entusiasmado en las pupilas saltando a la cuerda, esa cara alelada, sinónimo de felicidad, que aquí, si eres feliz, estás loco, o lejano a la realidad. Debemos ser infelices pero cuerdos, infinitamente cuerdos.
¿Viste? Cuantas palabras derramadas, perdidas en el vacío sin sentido, flotando en el airé, mientras un caza mariposas intenta atraparlas, retenerlas y no, aceptar va mucho más allá de eso, más allá de ese ayer que rasgó nuestras realidades para crear otras nuevas: mejores o peores, distintas, y en las que los rugidos parecen susurrar que no entramos ni tú ni yo.
Niño, que me has robado el alma...y hoy, tus labios dibujándome sonrisas en mi cielo del norte, entre nubes de algodón dulce, que hasta el arco iris bajó a jugar con el agua para que brillaras tú solito. No puedo ver más allá del rosa que me regalas, mi duendecillo de colores penetrando en mis oídos. Y una marea de palabras y, no sé lo que digo, sólo quiero hacerte hablar, que no calles e interiorizar tu melodía entrecortada, va y viene, y, ¿risas? ¿Reías amor? ¿Quién es Xaxa? ¿Vive en León? Que no te entiendo nada, que ahora sí, tendremos que inventarnos un lenguaje nuevo, o escribir(nos) hasta que nos sangren las yemas, hasta que se borren los secretos, hasta que pueda palpar la piel de tus labios y saborearte, mi niño de fresa, de chocolate, que un terremoto me estallaba en el pecho y mil trompetas atronándome los tímpanos...y mis dedos, acariciando tu boca, así no hay quien se centre niño tímido, mi niño silencioso, mi niño amado que hablas tan bajito que me tiemblan los tobillos , las rodillas...y olvido que hoy llevo falda, los obreros del tejado me hacen un guiño, que no recordé donde estaba y prácticamente me tumbé en el muro, ese mismo que nos separa. Quiero oírte respirar, el latido de tu corazón , aprendérmelo de memoria y crear los más bellos poemas a su ritmo, nuestro ritmo, dibujarte sobre la piel con dedos de colores, y tatuarme tu nombre en el fondo del pecho, con los siete rayos que me miman, con los siete colores de los que eres dueño. Muerdo tu imagen aún escondida tras esa sombra juguetona que no me deja reflejarme en tus ojos, tus ojos bañados con chispitas de estrellas, que me siento tan blanda que podría deshacerme y no, que soy de piedra...ó, cartón piedra por que ahora estoy derritiéndome entre tus manos mi duende hechicero, que ni Panoramix soñó con semejante poción mágica que nos hace perder el sentido, el amor...ahora brotando en la primavera de nuestros corazones.